Sectas y salud mental

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Me propuse escribir una reseña para recomendar la serie documental “Llamas gemelas” en Netflix, pero no encontraba la manera de hacerlo hasta que descubrí cuál era mi problema. Para poder escribir sobre el tema de las sectas que trata la serie “Llamas gemelas” tenía que escribir sobre mi experiencia personal con los servicios de salud mental. Entonces decidí, en vez de escribir una reseña crítica, reflexionar desde la primera persona del singular sobre cómo la serie despertó mis recuerdos de experiencias personales con los servicios de salud mental. De esta manera el texto queda resguardado de ser desplazado al lugar de las teorías conspirativas en constituirse como una experiencia personal.

“Llamas gemelas” es una serie documental en tres capítulos de 60 minutos cada uno que cuenta la historia de un negocio para encontrar el verdadero amor creado por una pareja. A lo largo de los tres capítulos de la serie los jefes del negocio, son acusados por sus víctimas de liderar una secta. Los testimonios de las victimas se respaldan con explicaciones de expertos y especialistas en sectas destructivas. Toda la serie resulta muy convincente en caracterizar a este negocio para el desarrollo personal como una secta con miles de seguidores no solo en Estados Unidos sino en otros países del mundo debido a que el negocio aun funciona mediante la venta de cursos, asesoramientos y libros en internet.

Desde el primer episodio de la serie asocié al sistema de asesoramiento de “Llamas gemelas” con mi experiencia a lo largo de 22 años en distintos servicios de salud mental en la búsqueda de mi propio desarrollo personal. En otros documentales o series sobre sectas, también se me había presentado el mismo problema. En mi experiencia como espectador relaciono la descripción audiovisual crítica de una secta con la forma actual en que concibo los servicios de salud mental. El problema en el que estoy implicado es que actualmente considero a los servicios de salud mental como una secta, pero no cuento con la formación sociológica, filosófica o antropológica suficiente para dar los argumentos acerca de la caracterización de los servicios de salud mental, como una secta destructiva. Entonces, por este motivo me limito a compartir mi experiencia personal.

A diferencia de otros documentales sobre sectas, “Llamas gemelas” muestra todo el proceso de asesoramiento, mentoría o coaching para el desarrollo personal que sucede de forma virtual. Resulta alarmante reconocer a través del testimonio de las víctimas los riesgos a los que estamos expuestas cuando navegamos por internet en busca de opciones que permitan nuestro desarrollo y crecimiento personal.

Una de las primeras diferencias que se pueden describir entre un servicio de salud mental y un asesoramiento virtual en un curso radica en que el servicio de salud mental presupone bases científicas y el asesoramiento bases motivacionales.

Este es el punto que me lleva directamente a mi historia personal. Fui una persona usuaria de servicios de salud mental durante 22 años y a lo largo de 30 años fui desarrollando una opinión personal, desde la cual sostengo que la psiquiatría y la psicología son seudociencias que basan sus prácticas en la moral y no en la evidencia y la metodología como si lo hacen otras ciencias. Las prácticas basadas en la moral, que logran modificar la conducta suceden tanto en las sectas como en muchísimas prácticas seudocientíficas como la psicología y la psiquiatría.

En uno de los capítulos de “Llamas gemelas” una de las personas expertas en el tema ofrece una descripción del daño moral que provocan estas organizaciones a las sociedades. El daño moral se refiere a las consecuencias que produce una secta destructiva en el plano psicosocial de una persona. Es decir que el daño provocado en la víctima no es solo a nivel individual sino a nivel social en sus relaciones. La estafa, el abuso, como la reducción a la servidumbre son delitos que sucedieron en el interior de la organización “Llamas gemelas” pero según lo que muestra la serie éstos delitos son difíciles de probar debido a que aparentemente las personas ingresan y permanecen voluntariamente en estos asesoramientos, mentorías y coachings.

De esta forma también se vuelve muy difícil de mostrar y probar que los servicios de salud mental pueden resultar en prácticas seudocientíficas. Desde la experiencia de las víctimas, éstas prácticas podrían ser vistas como delitos de secuestro, narcotráfico, tortura, trata de personas y reducción a la servidumbre. Los eufemismos que usan los terapistas para estos delitos serán internación involuntaria, tratamiento psicofarmacológico, contención mecánica, traslado y laborterapia. Por el momento la mala praxis médica parece ser la mejor forma de describir el daño moral que sufre una persona sometida, por ejemplo, a una internación involuntaria por problemas de salud mental que fue lo que sucedió en mi historia personal hace 30 años.

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