Hacia un marxismo neurodivergente.

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En esta nota Robert Chapman analiza las relaciones entre la política emancipadora, la teoría marxista, la discapacidad y la neurodivergencia. 

Cuando Judy Singer teorizó el concepto de neurodiversidad en 1998 en su histórica tesis, se basó en dos tradiciones principales. Una de ellas fue el marxismo, motivo por el cual destacó en cómo el concepto de “cuerpo normal” estaba determinado por las condiciones materiales y el modelo de producción capitalista. Esto se conectaba con el modelo social de discapacidad, que remarca que para aliviar la discapacidad es necesario cambiar radicalmente la sociedad, y no solo aportar soluciones individuales, ya sean psicológicas o médicas.

La otra tradición en la que se basó fue la política liberal, que pone su énfasis en los derechos civiles tanto como el reconocimiento y la aceptación de la diferencia. Aquí se trata menos de un cambio radical de sistema o de una perspectiva anticapitalista, y más de un enfoque hacia lo que podríamos llamar la política del reconocimiento. Según esta visión, debemos cambiar nuestra actitud hacia las personas neurodivergentes, superar las narrativas basadas en el déficit y consagrar nuevos derechos para que las personas neurodivergentes puedan desarrollarse y prosperar en sus vidas.

Desde los tiempos de Singer, la mayor parte del movimiento de la neurodiversidad se ha basado en esta última tradición liberal. Aunque a menudo se utilizan modelos sociales, normalmente se emplean para centrarse en los cambios necesarios para adaptar a las “discapacidades individuales” en lugar de impulsar cambios sistémicos. Y la gran mayoría de los discursos sobre neurodiversidad todavía se centran en la aceptación, los derechos y el reconocimiento, presionando a la sociedad para que cambie las actitudes y aumente la inclusión.

PRODUCCIÓN

Creo que para lograr la emancipación neurodivergente, debemos recurrir a las raíces marxistas de la teoría de la neurodiversidad. El problema no es que crea que el reconocimiento y los derechos sean menos importantes. Más bien se debe a que estos nunca se lograrán sin cambios significativos en nuestras condiciones materiales. De hecho, es poco probable que cambien mucho bajo el capitalismo.

Desde una perspectiva marxista el problema son las condiciones materiales. Bajo el capitalismo y sus raíces coloniales, los cuerpos y las mentes se valoran principalmente por el modo en que contribuyen a la productividad. Cada uno de nosotros es visto como un individuo que puede contribuir a la economía o agotarla. Además, dependiendo de los medios de producción predominantes, las normas corporales y mentales cambiarán, lo que significa que aquellos que queden fuera de estas normas serán discriminados. Por ejemplo, dado el rápido cambio de la economía industrial a la economía de servicios, el trabajador ideal ha pasado de ser físicamente fuerte y bueno en tareas repetitivas a ser hipersocial y flexible.

Parte del problema aquí es que los capitalistas necesitan transformar constantemente los medios de producción para mantenerse por delante de sus competidores. Las necesidades del capital pronto volverán a cambiar, creando nuevas normas con nuevos límites. Pero en cada situación hay un grupo interno y un grupo externo a la lógica de la producción dominante en cada proceso histórico, por lo que este último grupo es el subyugado, devaluado y discriminado. El exogrupo, el grupo externo, se verá obligado a quedarse sin trabajo, será criminalizado o encarcelado o institucionalizado. Esto siempre sucederá bajo el capitalismo y los derechos civiles probablemente ofrecerán sólo una defensa parcial contra ello, especialmente para las personas marginadas.

Esto significa que el énfasis en cambiar actitudes o en hacer que las personas neurodivergentes con diagnósticos específicos funcionen centrándose en sus “fortalezas”, no cambiará la estructura profunda que reproduce la opresión que padecen las personas neurodivergentes. Esto sólo significará que un grupo selecto de personas neurodivergentes (generalmente aquellos que son ricos, blancos, etc.) serán valorados, a expensas de la mayoría de las demás personas neurodivergentes. Esto excluirá especialmente a aquellas personas neurodivergentes que no pueden trabajar en ningún sentido reconocido actualmente y que probablemente siempre necesitarán altos niveles de apoyo estatal bajo cualquier modo de producción.

ALIENACIÓN

Otro problema clave es la alienación. Ése es el término de Marx para describir cómo el capitalismo nos aliena de nosotros mismos y de los demás, obligándonos a vender partes de nosotros sólo para sobrevivir. Al comprender el sufrimiento neurodivergente en este marco, podemos llegar a la raíz del problema. Lo que a menudo se llama “enmascaramiento autista” (cuando las personas neurodivergentes aprenden, practican y muestran ciertos comportamientos y suprimen otros para adaptarse a las expectativas neurotípicas), por ejemplo, a partir de esta perspectiva no podría verse como un problema específico del autismo. Por el contrario, podría considerarse como una forma de alienación que surge de la necesidad de venderse en las economías de servicios contemporáneas. Si bien esto resulta alienante para todos, parece ser particularmente difícil para aquellos que están más alejados del ideal de comportamiento neurotípico.

Es importante destacar que los neurotípicos también se ven perjudicados por la alienación. Si bien generalmente están más cerca de la “norma” ideal, esto sólo significa que pueden trabajar más horas y por lo tanto estar sobrecargados de trabajo y alienados. Esto ciertamente contribuye a los altos niveles de ansiedad y depresión que incluso los neurotípicos experimentan hoy en día. Así, el capitalismo construye y valora a los neurotípicos, al mismo tiempo que los explota sin piedad. Viéndolo de esta manera, podemos alejar nuestro análisis de la política centrada en un solo tema y enfocarlo en cómo los sistemas dominantes son malos para todos. Desde una perspectiva marxista, la neuronormatividad del capitalismo perjudica tanto a las personas neurodivergentes como a las neurotípicas.

¿En qué podrían entonces trabajar los marxistas neurodivergentes? Primero, debemos desarrollar colectivamente un análisis materialista de la neurodivergencia y la alienación neurotípica. Esto enmarcaría la discriminación neurodivergente como derivada de la condición material de la sociedad actual. Esto también politizaría la enfermedad mental mediante un análisis de la alienación. A su vez, nuestra practica debe centrar sus esfuerzos en la organización anticapitalista, la acción directa y la construcción de nuevos mundos. Será vital producir más puentes con otros grupos oprimidos para trabajar por la liberación colectiva de todos, independientemente de su raza, etnia, género, sexualidad o capacidad.

EMANCIPACIÓN

Avanzar en un análisis marxista de la neurodiversidad no significa necesariamente comprometerse con ninguna forma específica de socialismo. Es evidente que algunas formas, como el estalinismo, han sido tan malas para las personas neurodivergentes como lo ha sido el capitalismo. También debemos entender exactamente qué salió mal en estos casos, para no repetir los mismos errores. Sin embargo, el marxismo neurodivergente requiere el desarrollo de una alternativa. Organizarse para ello, es lo que la defensa neurodivergente necesita si quiere lograr la emancipación.

¡Ahora es el momento de tomar el poder neurodivergente que has estado acumulando y canalizarlo hacia un cambio sistémico profundo!


Texto publicado el 13 de septiembre de 2022. Original disponible en el sitio web de la ACR.

Robert Chapman es un filósofo neurodivergente que escribe sobre la teoría de la neurodiversidad, la locura y la discapacidad. Ha impartido clases en el King’s College de Londres, la Universidad de Bristol, Sheffield Hallam y la Universidad de Durham, donde actualmente es profesor asistente de Estudios Críticos de Neurodiversidad. Escriben blogs, en Psychology Today y en Critical Neurodiversity.

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