“No se fía”, crítica teatral

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“No se fía” es un espectáculo de Diego Faturos que se muestra al público en el Teatro “Timbre 4” en el barrio de Boedo. Se trata de una comedia dramática o un sainete costumbrista, sobre la crisis argentina del 2001. Si bien el sainete costumbrista se considera un género que culmina alrededor de 1920 con la llegada del grotesco criollo, muchas obras en el teatro independiente como comercial de la ciudad de Buenos Aires conservan los elementos del sainete criollo como son un entorno precario, el abordaje humorístico de los personajes y los conflictos de clases sociales. El resumen de prensa, del espectáculo “No se Fia” nos advierte sobre la historia que vamos a ver al teatro. En pocas líneas se avisa que veremos una historia realista ubicada en un acontecimiento verídico de la historia argentina.

En un pueblo del norte cordobés dos familias se entrecruzan una noche lluviosa pocos meses después del estallido de 2001. Entre cumbias, promesas de empanadas, una radio siempre encendida y el espíritu de Freddie Mercury dando vueltas; asoma la necesidad de un futuro mejor. ¿Hasta dónde somos capaces de dar? ¿Existe un límite para pedir? Esta noche se pone a prueba la delicada maquinaria de la subsistencia, el precio de sobrevivir un día más en un país al borde del abismo.

El pueblo del norte cordobés no aparece en las relaciones entre los personajes, sino más bien dan la sensación de estar en la ciudad de Córdoba. Pero cuando entramos a la sala apreciamos que la puesta en escena de Diego Faturos cumple con algunas de sus promesas como son las cumbias, empanadas, una radio siempre encendida y el espíritu de Freddie Mercury dando vueltas. “Timbre 4” no es una buena sala teatral para dar funciones de “No se fía” porque hay demasiadas sillas muy apretadas entre sí en la platea, porque hay muy poca distancia con la ficción y sobre todo porque Faturos decide encerrar a los espectadores en la platea sin ninguna justificación estética ni poética. Este es uno de los problemas del espectáculo. Acaso su director, tenga pendiente revisar las relaciones entre ética y estética.

Diego Faturos asume el riesgo de poner 12 actores en escena casi todo el espectáculo. Cada interprete está muy bien dirigido, siendo muy difícil coordinar desde la dirección todo lo que dicen sin decir las relaciones entre los personajes. Realizó un trabajo artesanal de dirección que pocas veces pueden ver quienes disfrutan mucho del teatro. Hay en la dirección de actores muchísimo trabajo muy minucioso que permite llevar la atención y la mirada hacia donde uno quiera para ver como va reaccionando a los conflictos cada personaje.

Los primeros 20 minutos el espectáculo tiene algunos problemas de texto, que después resuelve. En la jerga teatral se diría que “le cuesta arrancar, pero al final arranca”. Por momentos da la impresión que hubiera cierta desconfianza o temor de asumir el realismo del espectáculo. Por momentos el ritmo cae. La radio siempre encendida, así como la “dramaturgia” sonora se destacan y le imprimen a la puesta de Faturos matices, contradicciones y una lectura entre líneas. Por momentos quienes actúan parecerían que evitaran el sentido del humor del espectáculo y ahí es cuando la puesta se pone un poco solemne. Pero en general, la obra no es pretenciosa y eso siempre se agradece en el teatro.

Recomendable plan ir a ver el espectáculo “No se fía” un Sábado a la noche en el barrio de Boedo, de la cuidad de Buenos Aires.


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