Una superproducción internacional de danza llega por primera vez a la Argentina: el Ballet Estable del Teatro Colón, dirigido por Julio Bocca, presenta “Alice’s Adventures in Wonderland”, con deslumbrante escenografía, vestuario y efectos que recrean el universo fantástico del escritor británico Lewis Carroll.
El Teatro Colón suma a su temporada uno de los ballets más espectaculares de los últimos años. Con coreografía de Christopher Wheeldon y música de Joby Talbot, esta versión en dos actos recrea la historia de Alicia con un despliegue escénico a gran escala, que incluye títeres, proyecciones y un diseño visual impactante a cargo de Bob Crowley, Jon Driscoll y Gemma Carrington.
Las entradas se consiguen desde $16.000 y las personas con discapacidad pueden acceder sin cargo, solicitando entradas 14 días antes de cada función. La obra, estrenada originalmente en 2011 en la Casa Real de la Opera de Londres, llega a Buenos Aires en una producción conjunta del Ballet Real Danés y el Ballet Real Sueco.
Lo que parecía una calurosa y aburrida tarde de verano se convierte en un inexplicable y curioso viaje donde la realidad se diluye y el tiempo se detiene. Alicia cae hacia las profundidades del País de las Maravillas y conoce los inquietantes pasillos y fantásticos jardines de esas tierras extraordinarias. Acompañada del tic-tac del ansioso Conejo Blanco y del incesante zapateo del Sombrerero Loco, la niña —transformándose junto al entorno mismo— atravesará escenarios inimaginables y conocerá a las más singulares criaturas con el objetivo de rescatar a su amigo, la Sota, de las terribles garras de la tirana Reina de Corazones.
En una vibrante puesta ornada con proyecciones e imponentes escenografías, y con sus surrealistas personajes ilustrados en notas y melodías por la partitura de Joby Talbot, Alice’s Adventures in Wonderland revisita el famoso relato de Lewis Carroll desde una perspectiva novedosa y atrapante.
Christopher Wheeldon es reconocido por sus relecturas de grandes clásicos del ballet como Cenicienta, El cascanueces y El lago de los cisnes, el coreógrafo Christopher Wheeldon inauguró su catálogo de creaciones de gran porte revisitando un texto que lo había acompañado en su niñez: aquel escrito por Lewis Carroll sobre la niña que emprendía un curioso viaje a mundos fantásticos. Al margen del factor nostálgico que tiene este relato—tanto para él como para el público—, su elección no fue casual. Wheeldon supo identificar en la construcción episódica de Alicia, un recurso que recuerda a predecesores como La Bella Durmiente o el mismo Cascanueces, y a la vez aporta a su audiencia un desarrollo variado sin perder el interés. Lo novedoso de la propuesta de Wheeldon radica en su misma concepción: una obra que abraza en partes iguales todas sus aristas, resultando en un maridaje cuidado entre música, coreografía, escenografía, proyecciones e iluminación. Elementos que se sostienen y elevan entre sí, logrando un espectáculo que puede compararse con los grandes musicales de Broadway, otro núcleo influyente en este gran creador. Gracias a su dinámica creación hoy Alice’s Adventures in Wonderland es considerado uno de los grandes títulos de ballet del siglo XXI.
Alice’s Adventures in Wonderland es la segunda colaboración de Joby Talbot junto a Christopher Wheeldon, y la primera en lo que hace a creaciones coreográficas de gran porte. Al momento de iniciar su labor en Alice, Talbot ya contaba con un variado catálogo, habiéndo compuesto música para los más variados géneros, incluyendo bandas sonoras para las pantallas grande y chica, piezas escénicas, obras instrumentales y vocales. Para este encargo buscó inspiración en grandes autores orquestales, como Ravel, Mahler y Elgar, sirviéndose también de los famosos ballets basados en cuentos de hadas como La Bella Durmiente y Cenicienta. Con gran maestría y en concordancia con el texto, Talbot decidió usar el inconsciente colectivo de Alice a su favor, elaborando—como todo buen compositor—, un discurso construido entre la satisfacción de las expectativas del público y la sorpresa. Haciendo magistral uso de sonoridades «cinematográficas» en la orquesta, la partitura de Talbot dota al ballet de la atmósfera mágica y fantástica conjurada en el texto original, brindando al espectador un viaje musical tan intenso y cautivante como su contrapartida visual.
La dirección musical está a cargo del director musical del Ballet Nacional de Canadá, David Briskin quien estará al frente de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, con reposición coreográfica de Jason Fowler, Dustin Layton y Jillian Vanstone, y dramaturgia del británico Nicholas Wright. Las funciones serán el jueves 16, viernes 17, sábado 18, martes 21, miércoles 22, jueves 23, viernes 24 y sábado 25 de julio a las 20 h, y los domingos 19 y 26 de julio a las 17 h.
Las entradas ya están a la venta y se pueden comprar online en www.teatrocolon.org.ar o de manera presencial en la boletería del Teatro Colón (Tucumán 1171), de lunes a sábados de 9 a 20 h y domingos de 9 a 17 h.
