Julieta Grinspan escribió una comedia costumbrista sobre los mecanismos electorales, sus rituales y contradicciones que Cintia Miraglia lleva a escena para revivir el poder de la metáfora y el humor.
La historia que escribió Julieta Grinspan es sencilla, pero no por eso superficial como suele pensarse al costumbrismo. Es el día de elecciones en el pueblo “Nueva Armilla”, de apenas 2000 habitantes. Todo está listo para celebrar la reelección del Intendente, mientras los personajes esperan con ansiedad el resultado. En el bunker de campaña solo falta que llegue el gran ganador mientras afuera un particular opositor parece dispuesto a hacer cualquier cosa para ganar.
Se destacan las actuaciones de Leticia Torres, Julieta Grinspan y Carolina Guevara, quienes hacen varios personajes cada una, logrando con virtuosa precisión cambios de ritmo, vestuario y maquillaje. Las tres actrices cuentan con reconocida trayectoria y amplia experiencia en el clown, la comedia y el humor. Las escenas de las distintas maestras que intentan enseñar educación cívica al público al estilo “Sarmiento” son divertidisimas y le añaden pinceladas de clown, al romper la cuarta pared.
Un gran acierto de esta propuesta teatral es la elección de la comedia costumbrista, un género inocente en sí mismo porque muestra a los personajes por sus formas externas y roles sociales, en vez de hacerlo por sus contradicciones interiores como lo hace el drama psicológico. Esa inocencia es la que permite al menos durante una hora disfrutar de una historia de pueblo para reconocernos inocentes, en un contexto de extrema crueldad política. Su directora, Cintia Miraglia dice sobre el origen de la propuesta.
La Máquina Electoral nace de una necesidad de mirar la política desde el humor. Nos interesa ese territorio donde la realidad parece escrita desde una dramaturgia desquiciada: discursos que prometen todo, candidatos que se transforman, asesores que manipulan y una maquinaria que, mientras intenta funcionar, deja al descubierto sus propias contradicciones.
Desde la última campaña presidencial se ha tachado al actual presidente argentino de esquizofrénico, enfermo mental y psiquiátrico. Pero hay que reconocer que en su política comunicacional, supo aprovechar estos ataques para acumular poder. Al salir de “La máquina electoral” la pregunta queda en el aire, ¿Hasta que punto estamos dispuestos a legitimar y normalizar aquello que nos provoca dolor en nuestra vida cotidiana?
No se trata de una obra panfletaria ni busca apoyar la campaña de ningún partido político, porque no hay guiños de complicidad partidaria con la derecha, la izquierda o el peronismo. En este sentido es doblemente valioso que la obra se abstenga de participar en la batalla cultural que entre sus víctimas se encuentra la metáfora. Al evitar tomar partido, la obra permite al espectador disfrutar de un tiempo para divertirse con una historia de pueblo pero también para hacer el ejercicio de pensar en la historia que está viendo y sus relaciones con la actualidad social Argentina.
La inflación, la caída del consumo, la imposibilidad de pagar deudas, el desempleo y el rumbo de la economía son los problemas centrales de Argentina en el gobierno de Javier Milei. Pero detrás de estos problemas hay una batalla cultural peleada en el poder político, mientras el pueblo paga las consecuencias. El actual gobierno ha cruzado muchos límites morales, institucionales, democráticos y nos lleva a pensar hasta cuando la sociedad Argentina podrá sostener el frágil pacto social que nos permite vivir en paz y en democracia.
La obra propone jugar con los códigos de la campaña electoral para hablar del poder, de quienes lo buscan y de quienes hacemos posible que esa maquinaria funcione. No desde la bajada de línea, sino desde el humor, Porque a veces, para mirar de frente una realidad que nos atraviesa, el humor es una de las formas más incómodas —y más necesarias— de pensarla.
Cintia Miraglia
En una época tomada por el exhibicionismo pornográfico de la intimidad, la obra teatral logra devolver al espectador ese tiempo de goce que es la metáfora. En este pueblo chico, con un gran infierno detrás, hay pasillos conspirativos, supersticiones, rumores y cortes eléctricos que hacen de esta jornada electoral una comedia delirante, donde ya nadie se acuerda de la verdadera protagonista de nuestra historia: La Máquina Electoral.
Cuándo: Sábados 20 hs.
Donde: “El Portón de Sánchez” Sánchez de Bustamante 1034. CABA
Entrada Libre – Salida “A la Urna” (Aporte voluntario)

Alan Robinson nació en 1977, en Buenos Aires, Argentina. Egresó como licenciado y profesor de arte dramático. Publicó novela, dramaturgia y ensayos. Enseña literatura, psicología social y finanzas.