¡Qué es eso de la “cultura loca”!

En esta nota el escritor Bernabé De Vinsenci recorre las características de las culturas locas en el mundo occidental, y propone pensarlas como un espacio de inclusión para quienes buscan formas de encontrarse que ya no son posibles en la cordura, en la razón y la normalidad.

Lo que se llama «cultura loca» no es obituario exclusivo de la locura, como tampoco un sexo designa un género, ni los esencialismos el aura de las cosas o de los objetos. Si lo que «sucumbe a lo inclasificable», según Occidente, «se vuelve patologizable», se puede decir que la «cultura loca» no excluye a un cuerdo.

A un cuerdo o quien sea imposible de clasificar.  

En tanto que la locura no es la única detentora de lo «inclasificable», quizás se puede decir que así como existen locos atravesados por puntos de fugas, por exilarse a lugares desconocidos, también existen locos normativizados. Que unos locos se reúnan no hace legible ni profesa a la «cultura loca». Porque puede que, habiendo locos, solo exista violencia o incomunicabilidad, al menos cabe suponerlo así en este contexto donde la hostilidad no tiene clase ni género y se perpetra de manera epidémica. Podríamos pensar a la «cultura loca» tal vez como un dispositivo en donde el fin primero y último es liberarse y liberar a otros, sean locos o cuerdos.

Quizás habría que delinear algo que está a punto de nacer, que quizás existió o existe pero que apremia a delimitar o ir delimitando por lo que, extractivistas mediante, puedan definir por «cultura loca» y es o parece casi una obviedad agregar a grandes rasgos que a estas alturas no toda disidencia ni minoría han hecho un saber, una práctica resistente, prolongada y a contrapelo de Occidente y del capitalismo, sin ser en parte cooptadas o integradas.

Tal vez la premisa como «cultura loca» sea fugarse de Occidente y de sus ardides. De la armadura que Occidente se sirvió para conquistar, colonizar mentes, cuerpos bajo la supremacía del orden y de la razón. Si Occidente plantea el dualismo normal/anormal vendría bien decir que una «cultura loca» rompe con ese dualismo y sus pensamientos binarios asociados. Si Occidente plantea la identidad como modo de cultura y sometimiento cívico, vendría bien contraponer la idea de alianzas, comunidades, lazos susceptibles a romperse y a rearmarse (sin que medien radicalismos ni estigmatizaciones).

Por otra parte, un llamado a desregular la percepción, des-automatizarla se vuelve clave en cuanto a la idea de lo inaprensible, que es aquello que no se puede capturar, atrapar ni definir.  Y según Occidente, todo aquello que genera una consecuencia inclasificable es patologizable. El camino puede ser ir más allá de cualquier esencialismo, aprensión del Otro.

Cuando Occidente no figuraba como posibilidad en Latinoamérica, había tribus que al anochecer alrededor del fuego prorrumpían en soliloquios ininteligibles. Ninguno comprendía lo que decía su compañero pero todos, sin embargo, mantenían la algarabía del soliloquio.

Tal vez, entonces, vendrían bien deshacernos de la idea de que toda reunión es “culturulizable” porque así como la conquista evangelizó, también culturizó a las tribus que adoraban a sus dioses como y cuando querían. Y, asimismo, otras de las cosas no menos relevante, la ruptura de la verticalidad, del amo, del que quita y atribuye libertades. Porque se sabe que en América un Cacique era alguien que no procuraba liderazgo, sino amorosidad o un saber, un saber por ejemplo en mantener la calma ante las inclemencias que acaecían dentro de la tribu. A veces, el Cacique era hacedor de provisiones ante sequías, otras respetado por su conocimiento ancestral. Entender, entonces, que la verticalidad fue y es un asunto de Occidente y de su idea de Estado con fines de propagarse y sustanciar una identidad, lo que es decir algo fijo, una normalidad.

Volver la «cultura loca» exclusiva a los locos, a los amputados, simplemente, y no expandirla a quienes también la ejercen en son del anti-occidentalismo, es ignorar que hay locos en el paisaje del cuerdismo, camuflados y que son, asimismo, hacedores de «culturas locas».

Porque una cultura loca es, a fin de cuentas, un potencial que se define inclasificable a un Occidente que, al no conformarse con tener la razón, promete un futuro hecho de humanoides y robótica donde nosotros, los seres humanos, somos prescindibles y próximos a desaparecer.

Nos queda, entonces, mantener la algarabía en el encuentro.

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