En este Diario, el escritor Bernabé De Vinsenci describe una experiencia de una internación de 5 días en un hospital general, la cual nos invita a explorar las similitudes con una internación en un hospital monovalente, popularmente conocidos como “manicomios”
DÍA 1
– Puedo comunicarme con los gatos – dice Rami.
Pierde la memoria y busca pertenencias que no trajo a La Pieza de los Locos.
El primer día me quedo encerrado en el baño, viene el de mantenimiento y logra abrir la puerta. Pero no la arregla, la deja así nomás. Después le pasa a Rami. Y viene un policía y le dice que espere adentro.
– Tengo claustrofobia – responde Rami.
Es raro que en La Pieza de los Locos, hayan dos encierros. El mío y el de Rami después. Un encierro dentro del encierro. Las acompañantes se desbordan enseguida. No pueden mantener a Rami quieto.
A mí me pone nervioso La Pieza de los Locos. Tan nervioso que empiezo a ir y venir. Me da miedo una palabra, un cuerpo enfermo. Me anticipo al miedo. Quizás por haber vivido cinco años en La Pieza de los Locos.
El primer día la paso bien, después ya no. Empiezo a ponerme nervioso. Me levanto de la cama y salgo al patio. Hay un patio bellísimo. Que, si no fuera por La Pieza de los Locos y sus anchos muros, quedaría bien como un jardín de patio de una casa cualquiera. Me pone nervioso estar rodeado de especialistas, médicos y ya en sí, el pinchazo de una jeringa.
El médico que me extrajo sangre, me dijo: no mires. No mire. Pero sí vi como se llevaban a una anciana a terapia intensiva. Una vez adentro ya me calmo, al menos la primera noche. La Pieza de los Locos queda al fondo de un pasillo y bastante silencioso.
DÍA 2
La gente en los pasillos habla como por un megáfono. Cada palabra hace retumbar a un cuerpo convaleciente. Los gritos a mí me despiertan. Me ponen de malhumor. Hablan en voz baja y me da paranoia. Hablan en voz alta y me desvelan.
En los pasillos de cementerios se pide silencio a los muertos y a los vivos un tuntún de voces, chusmeríos, que a nadie le importa. Quizás para soportarlo uno tendría que estar muy ido. O muy loco. Pero se hace imposible descansar.
Para que La Pieza de los Locos sea como los hospitales del siglo XVII le hacen falta prostitutas. Lo cual no estaría mal. Porque, como digo, no te podés masturbar, coger, ni nada doméstico. Básicamente sos un cuerpo anulado, al menos para lo que vamos a para a La Pieza de los Locos.
DÍA 3
Es tan putamente maldita La Pieza de los Locos que a veces uno cree se muere. Capaz que sí, capaz que no. Pero la sensación además de cinestésica es hiperbólica.
Ayer creí que me moría. Si creés que te vas a morir, todos los creen.
Imaginar lo peor es un aliciente para la imaginación.
DÍA 4
Quiero dejar testamentos.
Quiero desheredar a mi familia.
Quiero desheredarme de mi mismo.
DÍA 5
Me sentí mejor. Para eso Rami ya no estaba.
Habían traído a un alcohólico.
Suero, se cae con suero y todo.
Sangre en el suero.
La última fotografía del espanto.
Pedí el alta.
O los manipulé para que me la dieran.
No quería estar más en La Pieza de los Locos.
Así que me fui.
A la salida llovía, me crucé con una amiga y me contó cosas de su ex.
Me aburrí, dije qué garrón.
Y por allá, entre la lluvia torrencial, apreció mi amigo.
Otra vez la vida.
Se agradecen las colaboraciones económicas al alias del autor Bernabé De Vinsenci: berna1993
Bernabé De Vinsenci es escritor y poeta. Nació en Saladillo, Buenos Aires en 1993. Vivió en La Plata y Rosario. Publicó en narrativa “La era de la eyaculación desmedida”, “Velando por los esquizofrénicos”, “Ciégate para siempre” e “Hígado”. En poesía “La trama de los padecientes” entre otras publicaciones.